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Licenciado en Sociología UBA (2008), SNR, Músico, Compositor, Escritor.

miércoles, 2 de junio de 2010

Perón y los búfalos....


Cuando escucho hablar de que tal cosa está “politizada” o cargada de “ideología", o que es “utópica”, me irrito. Últimamente, algunos medios de comunicación, audiovisuales y gráficos, en desafinada armonía con ciertos sectores de la población, porteña sobre todo, intentaron de alguna manera, desmenuzar supuestos trasfondos políticos e ideológicos, en los festejos del Bicentenario de la Revolución de Mayo. Se oyó decir por ahí, particularmente, un señor expresando su alegría por la reapertura del Teatro Colón, y gritando“acá no se habla de política, está la verdad, no hay ideologías, está el país”. Esa esquizofrenia pasional.

Pues entonces, no temí pensar y decir: yo adhiero a las utopías, a la política y a las ideologías, porque los festejos me demostraron empíricamente que viven, o que están de vuelta, y entonces, les doy la bienvenida. Porque creo que si hay algo inherente a las Revoluciones, es su sentido político, la ideología que las motiva y la utopía que instala el Norte de sus principales objetivos. Aunque les pese a un puñado, creo que en el alma de muchos jóvenes, prevalece el espíritu de los mejores militantes que existieron y murieron en nuestro país. Y tal vez, podamos decirle al mundo, con la frente bien alta, hoy, que estamos de vuelta.

En los últimos años, se produjeron una serie de hechos relevantes desde el punto de vista social, de los que quisiera hacer un análisis pequeño y zocarrón. De todos, voy a tomar la cuestión de las retenciones al campo y las últimas elecciones legislativas.

En este sentido, y en la historia más inmediata, algunos aventureros del cuarto poder aseguran una derrota aplastante del gobierno del Frente para la Victoria, y hasta sostuvieron, apoyados en análisis delirantes, que peligraba la continuidad del gobierno de la Presidenta Cristina Fernández. Ha pasado un tiempo, y las teorías del caos (o la filosofía de Bonelli), se caen a pedazos. Claro, un material débil para sostener tamaños edificios.

Lo importante, es que los festejos efímeros de los mentados triunfos de la oposición sobre el gobierno, se convirtieron rápidamente en un culto al pedido de “paz y armonía” de “unión entre los argentinos”., de quienes precisamente hicieron de la confrontación, su modus operandi. Aquí anotamos a ese heterogéneo “arco opositor” que va desde ese gracioso abanico de personajes excéntricos de la política nacional que persiguen el personalismo de la Vidente, hasta la tibieza resucitada y corporizada en esos tristes actores de la varieté radical, y aquellos representantes que de tanto ubicarse a la izquierda los movimientos populares, terminan olvidando sus juramentos de puño cerrado, frente a un Pueblo que aún hoy se pregunta “¿Qué me quiso decir?”, frente a sus constantes reformulaciones de teorías que, en mcuhos casos, superan ampliamente la capacidad de conocimiento de sus portavoces.

En ese pedido de Armonía y de No Confrontación, quienes confiamos en que lo hecho hasta ahora sirve, y se puede mejorar, vemos en el renunciamiento de un sector importante de la sociedad al debate político , la censura en su expresión máxima. Vemos el silencio provocado por el miedo de la Dictadura. Vemos muerte. Vemos muertos vivos, que no dicen nada, porque no se meten en nada y así está bien. Vemos a los argentinos, hundidos en la pobreza, porque siempre habrá sido así. Vemos que todo lo atamos con alambre. Vemos la irritante y enfermiza sonrisa monetaria de los 90. Vemos el endeudamiento externo, de corte financiero, y esperamos como giles que el tanque se llene de una vez y venga el derrame para todos. Vemos el repliegue del Estado a su mínima expresión y presencia.

Este gobierno, con todas sus fallas, ha ganado en esas batallas que creyó perdidas. Porque con la Resolución 125, se logró discutir públicamente y poner en debate, las desorbitantes ganancias, de quienes dicen ser el Campo: esos que ni siquiera tuvieron la hidalguía (los huevos) de defenderse apelando a sus verdaderos ideales, aquellos que les marca la trayectoria histórica de cada una de sus federaciones y sociedades. El debate se instaló, mal que les pese. El campo no se tocaba. Y acá se lo tocó en su zona más pudorosa: los intereses económicos de las patronales. ¡Basta de decir que fue contra la gente del campo! Se pueden basar en la búsqueda de la armonía, si quieren.

En otros aspectos, las últimas elecciones legislativas, resultaron como un baño de agua bendita para la “oposición” , y sus medios, celebraron como a quien le renuevan su contrato de trabajo luego de pasar por una sudorosa prueba de lealtad empresarial. El “triunfo”, diversificó la morfología política del Congreso; así y todo, se puso en debate la Ley de Medios Audiovisuales, se logró aprobación, inclusive a través del voto de opositores, que vieron la oportunidad de librar una batalla contra los monopolios, que era reclamada por un amplio sector de la sociedad, en cualquiera de sus expresiones. Y los medios debieron responder ante el cuestionamiento que les realizó el Pueblo, y se dieron cuenta que ese halo de intocables, se había desvanecido para siempre. A rendir cuentas, compañeros.

Así y todo, estas palabras (ideología, utopía, política) enojan, llenan de ira e incomodan a muchísima gente. No se trata de partir al país en dos, pero no seamos ingenuos: mientras no exista Justicia Social para la totalidad del Pueblo argentino, la división ideológica persistirá. Está en nosotros lograr que ninguna de las dos partes intente aniquilar a la otra, ya se ha derramado mucha sangre. Pero debemos tomar partido y debatir en términos leales. La posición en el campo de la política que ocupa el gobierno, lo lleva a veces, a perder el equilibrio en cuestiones donde los temperamentos pugnan por hacerse carne. Pero el enojo, la ira, la agresividad ilógica y la incomodidad que se refleja hoy en algunos sectores frente al gobierno, muestra el comportamiento de los búfalos. Y sus actos y reflexiones posteriores, los consagran como tales.

Decía Perón entonces, sobre Spruille Braden:

“… era un individuo temperamental. Un búfalo. Yo lo hacía enojar, y cuando se enojaba, atropellaba las paredes… ¡Que era lo que yo quería! Porque entonces perdía toda ponderación” J. D. Perón (1969)

Vale, la armonía. Vale, la inclusión política de todos los actores en un proyecto Nacional. Pero primero, recuperen la ponderación, el equilibrio… y cuidado con las paredes.

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